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Archivo para la Categoría "Cultura"

ARTESANÍA EN LACA: UNA TRADICIÓN PREHISPÁNICA

El Bule, Guaje o Tecomate  es el fruto de una enredadera llamada legenaria luncantanh cuya forma, lobular o redondeada, se asemeja bastante a la calabaza. Los distintos pueblos americanos prehispánicos ya lo utilizaban de diferentes maneras: como contenedor de agua y otros líquidos, a modo de una antigua cantimplora, o como recipiente con tapa, para almacenar grano o plantas.

Los indígenas decoraban estos objetos con lacas naturales, extrayendo aceites y pigmentos de plantas y semillas (laca y maque) o, incluso, cubriéndolos con una capa muy delgada de oro o plata.

Este procedimiento, lento y laborioso, sigue utilizándose hoy en día en el Estado de Guerrero, donde se concentra la mayor parte del trabajo artesanal en laca de México. Los bules, así como las cajitas y las charolas (bandejas), fabricadas a partir de la madera aromática del Lináloe o en madera de pino, son los objetos lacados de mayor tradición y popularidad.

Lo primero que hace el artesano es aplicar sobre la pieza, utilizando una cola de venado, varias capas de fijador, preparado a partir de aceite de chía (Salvia hispánica) o de linaza y una mezcla de diferentes tierras calcáreas (tlapezole). A continuación, sobre esta base, decora el bule, la cajita o la bandeja, tomando como fuente de inspiración la naturaleza y siguiendo una de estas dos técnicas:

–          Rayado: se aplican capas de tlapezole de dos colores diferentes y, posteriormente, se remueven con una pluma de guajolote (pavo) las partes necesarias de la capa superior para mostrar el dibujo, previamente grabado con una púa de maguey o de huisache (acacia).

–          Dorado: se pinta la pieza con un pincel finísimo de pelo de gato, aplicando la misma mezcla de aceite y tierras calcáreas. Una variante de esta técnica consiste en decorar la pieza sobre la base de una fina lámina de oro, en lugar del maque.

Una vez decoradas, las piezas se tienen que secar durante varios días antes de que se les pueda aplicar una última capa de aceite de chía, que les conferirá un perfecto acabado.

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El mariachi, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

La principal tradición musical mexicana, la música mariachi, ha sido declarada por la UNESCO nuevo tesoro universal. Así lo decidió la organización durante la sexta reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial, celebrada en Bali (Indonesia) del 22 al 29 de noviembre.

Como ya ocurriera con el flamenco el año pasado, el mariachi ha entrado a formar parte de la Lista del Patrimonio Inmaterial de la UNESCO, junto a otra tradición musical, en este caso, portuguesa: el fado.

Compuesto por música de instrumentos de cuerda, canto y trompeta, el mariachi, a juicio de los especialistas de la UNESCO, condensa la identidad mexicana y, con el paso del tiempo, “se ha ido convirtiendo en algo representativo de todo México […] y en la expresión musical mexicana más difundida por el mundo”.

La designación del mariachi como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad “significa el afianzamiento de este tipo de música y la protección de sus características, que corren el peligro de transformarse demasiado, por ser una práctica tan universal y popular”, aseguran desde la UNESCO, donde también señalan que, para los mexicanos, “oír al mariachi es como escuchar el himno nacional, una cuestión de identidad”.

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Descubriendo los orígenes del México de hoy: el Museo Nacional de Antropología

México es un país con una intensa vida cultural. El Distrito Federal en particular cuenta con infinidad de teatros, cines, lugares para actuaciones musicales, salas de exposiciones y museos realmente interesantes. Por lo que respecta a estos últimos, el mejor ejemplo es, sin duda, el Museo Nacional de Antropología (MNA), una visita obligada para todo aquel que venga a conocer México DF.

Situado en la Avenida Paseo de la Reforma y calzada Gandhi s/n, en la Colonia Chapultepec Polanco, el MNA abre de martes a domingo de 9 a 19h. La entrada cuesta 51 pesos (3 euros) y da acceso tanto a las salas permanentes como a las que cuentan con exposiciones temporales.

El Museo se divide en dos plantas: en la de abajo se encuentran las doce salas de Arqueología y, en la de arriba, las diez de Etnografía. En general, las piezas que se exhiben están bastante bien explicadas aunque, si se desea, se puede acompañar la visita con una audioguía; se alquilan por 75 pesos (4,5 euros). Lo que sí os recomiendo, porque realmente merece la pena, es que os detengáis un momento a leer con calma los carteles que, al inicio de cada sala, nos sitúan en el período correspondiente de la historia de México, para poder comprender mejor lo que veremos a continuación.

Una visita completa al MNA puede llevar unas 4 ó 5 horas pero, si no disponéis de tanto tiempo, estas son las salas que no os podéis perder: Teotihuacan (sala 5), Mexica (sala 7) y Maya (sala 10). En ellas se concentra, en mi opinión, lo más relevante del Museo para conocer los antecedentes del México de hoy.

La cultura teotihuacana se inició a principios de la era cristiana y alcanzó su máximo esplendor entre los siglos III y IV. En náhuatl, la lengua nativa de los mexicanos, Teotihuacan significa “ciudad donde nacen los dioses”. Fue precisamente allí donde, como podemos leer en la página web www.teotihuacan.com.mx, “los conocimientos espirituales y materiales de los pueblos mesoamericanos generaron la expresión de la más alta civilización americana”. En la actualidad, la zona arqueológica de Teotihuacan, con las impresionantes pirámides del Sol y de la Luna, es uno de los principales atractivos turísticos de México. Durante la visita a la sala, os recomiendo ver el vídeo sobre la fundación y posterior declive de Teotihuacán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Mexicas, también conocidos como Aztecas, fueron los fundadores de Mexico-Tenochtitlán, allá por el año 1325. Como vimos en la entrada referente al centro histórico de México DF, los mexicas se guiaron por la profecía que indicaba que debían asentarse en el lugar en que vieran a un águila sobre un nopal devorando a una serpiente (símbolos del escudo nacional mexicano). Así, sobre una isla del lago Texcoco, en el Valle de México, edificaron la gran Tenochtitlán, que fue conquistada y destruida por Hernán Cortés en 1521. Entre los principales atractivos de la sala Mexica destacan la gran maqueta de la ciudad y el mal llamado Calendario azteca (su nombre real es Piedra del Sol).

 

 

 

 

 

 

 

 

La civilización Maya se extendió por el sureste de México (la península de Yucatán) entre los siglos III y XV. Grandes cultivadores de la ciencia, la astronomía y la cultura, los mayas desarrollaron un preciso calendario, así como el sistema de escritura más completo de todos los pueblos indígenas americanos (a este respecto, merece la pena ver el vídeo que se muestra en esta sala). Las ciudades mayas se distribuían en un sistema de castas y contaban con palacios, templos y las características pirámides escalonadas. También es típico de la cultura maya el conocido como “Juego de pelota”, algo parecido al fútbol que era en realidad un ceremonial religioso en el que participaban solo los guerreros. De todas las piezas que se exhiben en esta sala, especial atención merece el Chac Mool de Chichén Itza (la principal zona arqueológica del Yucatán) y la preciosa máscara de Pakal. La primera es una escultura que representa una figura humana reclinada hacia atrás, con las piernas encogidas y la cabeza girada, en cuyo vientre descansa un recipiente que era usado como altar para colocar las ofrendas a los dioses, desde alimentos a corazones humanos; la segunda pieza es la máscara de jade con la que fue enterrado el rey Pakal el grande, en Palenque, una interesante zona arqueológica localizada en el estado de Chiapas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Además de las exposiciones, el Museo Nacional de Antropología ofrece cada mes una serie de actividades culturales, como conferencias, cursos y paseos culturales. Estos últimos, promovidos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), son realmente atractivos: se trata de visitas guiadas por especialistas a lugares de interés cultural, como monumentos históricos, zonas arqueológicas y sitios artísticos.

 

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¡Viva México!

El 16 de septiembre de 1810, el cura Miguel Hidalgo instó a los mexicanos a sublevarse contra los españoles y poner fin así al dominio sobre sus territorios. Esta llamada, detonante de la Guerra de la Independencia Mexicana, es conocida como Grito de Dolores, porque fue acompañada del tañer de la campana del mismo nombre, ubicada en la iglesia del municipio de Dolores Hidalgo.

Desde entonces, cada mes de septiembre, los mexicanos celebran sus Fiestas Patrias. Un sentimiento de orgullo nacional inunda el país y los edificios públicos, los comercios y las viviendas se engalanan con banderas y escudos mexicanos. Las calles se llenan de puestos que venden de todo para festejar esta efeméride (banderines para los coches, sombreros, muñecas, imanes, pasadores para el pelo, carracas, cornetas…), eso sí, con los colores patrios: rojo, blanco y verde.

Aunque las Fiestas Patrias duran todo el mes de septiembre, los días grandes son el 15 y el 16. La noche del 15 de septiembre, a las 23h, el presidente de la República sale al balcón del Palacio Nacional y, ondeando una bandera mexicana y haciendo tañer una campana, recrea el Grito de Dolores recordando “a los héroes que nos dieron Patria”. Después, repite por tres veces “¡Viva México!”, y la multitud congregada en el Zócalo capitalino le responde de la misma manera. A continuación, un espectáculo de fuegos artificiales pone el broche de oro a esta noche tan importante en la historia de México. En este enlace de Youtube podéis ver el Grito de Dolores pronunciado anoche por el presidente Felipe Calderón:

http://www.youtube.com/watch?v=qiLDw5UsNL4

La mañana del 16 de septiembre tiene lugar el desfile militar que conmemora la Independencia de México. Ese día es festivo nacional y el pueblo mexicano se echa a la calle para ver marchar a su Ejército, en un recorrido a través del Paseo de la Reforma que parte del Zócalo y termina en el Auditorio Nacional. Estas son algunas fotos del desfile de hoy:

¡VIVA MÉXICO!

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Descubriendo el centro histórico de DF-Segunda parte

En nuestra segunda visita al centro histórico de Ciudad de México, vamos a conocer otros lugares de gran interés, como la Casa de los Azulejos, la Torre Latinoamericana, el Palacio de Bellas Artes, la Alameda Central y el Museo Mural Diego Rivera.


Nuestra ruta comienza en el Zócalo (1), desde donde vamos a empezar a caminar por la Avenida Francisco I. Madero (2). Es una calle peatonal, muy animada y concurrida, llena de tiendas, sitios para comer y algo que me llamó mucho la atención: centros joyeros y galerías de compra-venta de oro. Los hay a montones, a ambos lados de la calle; algunos son muy grandes y en sus mostradores exponen artículos de todo tipo: cadenas, relojes, pulseras, anillos…

Siguiendo el curso de esta avenida llegaremos a los puntos más interesantes de nuestro recorrido. No tiene pérdida pero, por si queremos tomar una referencia, baste la Torre Latinoamericana, visible por su altura desde el comienzo de la calle.

Un poco antes de llegar a la Torre, en el lado derecho de la calle, encontramos la Casa de los Azulejos (3), un bello edificio de principios del siglo XVIII cuya fachada está revestida de azulejos blancos y azules, traídos desde la localidad mexicana de Puebla (famosa por esta artesanía) por encargo de la quinta condesa de Orizaba, propietaria del inmueble.

En la actualidad, este palacio del período colonial, joya del barroco mexicano, pertenece a la cadena de tiendas Sanborn. Merece la pena entrar para admirar el mural titulado “Omnisciencia”, obra del artista mexicano José Clemente Orozco, así como el hermoso patio, convertido en restaurante.

Justo enfrente de la Casa de los Azulejos se encuentra la iglesia de San Francisco, que cuenta con una preciosa fachada churrigueresca. Basta un simple vistazo para darse cuenta de que el Templo, al igual que ocurre con la Catedral Metropolitana, se hunde como consecuencia de estar construido sobre terreno arcilloso.

Si seguimos caminando por la Avenida Francisco I. Madero, llegamos a la Torre Latinoamericana (4), un rascacielos de acero y cristal que fue, durante muchos años, el edificio más alto de todo México. Inaugurado en 1956 para albergar la sede de una de las compañías de seguros más importantes de México (La Latinoamericana), es un referente de la ingeniería mexicana, ya que ha resistido terremotos tan devastadores como los de 1957 y 1985.

La Torre Latinoamericana mide 182 metros y culmina en una antena desde donde se transmiten señales de radio y de televisión. Además de albergar oficinas, cuenta con un mirador que permite disfrutar de una de las mejores vistas del DF. Está abierto de 9h a 22h y la entrada cuesta 60 pesos (3,6 euros) para los adultos y 50 (3 euros) para los niños. En apenas 30 segundos, el ascensor nos eleva hasta el piso 37, donde hay un pequeño bar y una tienda de souvenirs. Aquí tenemos que cambiar a otro ascensor que nos sube hasta el piso 42, donde empieza propiamente el mirador acristalado.

Quienes no sientan vértigo, pueden seguir ascendiendo por una escalera de caracol que conduce hasta el piso 44, el último de la torre; aquí, el mirador exterior nos ofrece una vista inigualable de los cuatro puntos cardinales de México DF. Podemos ver, por ejemplo, al norte, la Basílica de Guadalupe; al sur, el estadio azteca; al este, el Zócalo, la Catedral y el Palacio Nacional y, al oeste, parte de Reforma y el Bosque de Chapultepec (si el día está despejado).

Antes de abandonar la Torre Latinoamericana, es interesante darse una vuelta por el museo, situado en el piso 38 (la entrada está incluida en el precio que hemos pagado por subir al mirador), que nos permitirá conocer la historia de la construcción del rascacielos. También se puede acceder al piso 41, en el que hay un restaurante.

El siguiente punto de nuestra ruta es el Palacio de Bellas Artes (5), un bello edificio proyectado a principios del siglo XX como nuevo Teatro Nacional, que ya hemos podido ver desde el mirador de la Torre Latinoamericana.

El Palacio de Bellas Artes acoge espectáculos de teatro, danza y música clásica, entre otras disciplinas, así como diversas exposiciones y presentaciones. Concluido en 1934, el edificio está revestido de mármol italiano y cuenta con elementos cerámicos en las cúpulas. Destaca sin duda su fachada de estilo art nouveau, que se complementa con un bello interior art déco y varios murales de reconocidos artistas mexicanos, como Diego Rivera, Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. Las pinturas pueden admirarse de manera gratuita los domingos.

Saliendo del Palacio de Bellas Artes, a mano derecha, nos encontramos con la Alameda Central(6), uno de los parques públicos más antiguos de México, creado en el siglo XVI por el virrey Luis de Velasco. Aunque los álamos que se plantaron en un principio fueron sustituidos por árboles de un crecimiento más rápido, el parque sigue conservando el nombre de Alameda.

La Alameda Central cuenta con varias estatuas y fuentes de distintos períodos históricos. El monumento más llamativo es el Hemiciclo a Juárez, encargado por Porfirio Díaz en honor al ex presidente Benito Juárez. Construido en mármol de Carrara, se inauguró en 1910, coincidiendo con el centenario de la Independencia mexicana.

Caminando por la Alameda Central llegamos al siguiente punto de nuestra ruta, el Museo Mural Diego Rivera (7), construido expresamente para albergar una de las obras más importantes del artista mexicano: “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”. Esta enorme pintura resume la historia de México desde la conquista por los españoles hasta 1947, año en que fue terminada, a través de una gran variedad de personajes. Junto a las figuras históricas se mezclan dos autorretratos del propio Rivera, así como recuerdos y sueños del pintor, como su mujer, Frida Kahlo, o la Catrina, creada por José Guadalupe Posada, artista a quien consideraba un maestro.

El mural fue un encargo para el Hotel del Prado, pero los desperfectos que sufrió el edificio tras el terremoto de 1985 y su posterior renovación hicieron necesaria una nueva ubicación. Por eso se decidió construir este museo, que incluye además otras exposiciones de artistas mexicanos. Está abierto de martes a domingo de 10h a 18h h y la entrada cuesta 17 pesos (un euro).

Con la visita al Museo Mural Diego Rivera finalizamos nuestro segundo acercamiento al centro histórico de Ciudad de México.

 

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Descubriendo el centro histórico de DF-Primera parte

A lo largo de dos entradas os propongo un recorrido para conocer los lugares más interesantes del centro histórico de Ciudad de México. En esta primera parte, visitaremos el Zócalo, la Catedral Metropolitana, el Templo Mayor y el Palacio Nacional.


El centro histórico de DF se localiza sobre la antigua capital azteca de Tenochtitlán, fundada en 1325 sobre una isla en el lago Texcoco, según la profecía que indicaba que los aztecas debían asentarse en el lugar en que vieran a un águila sobre un nopal devorando a una serpiente (símbolos del escudo nacional mexicano). Los aztecas fueron ganando terreno al lago construyendo chinampas, huertas a modo de islotes sobre las que cultivaban, amontonando en las orillas el lodo del fondo lacustre y protegiéndolo con una empalizada.

Tenochtitlán fue conquistada por Hernán Cortés en 1521 y destruida totalmente. Las sucesivas inundaciones que sufría la ciudad en época de lluvias llevaron a los españoles a construir obras de drenaje, una labor que ha continuado con el paso del tiempo y que, unida al crecimiento que había experimentado la capital y al aumento de las chinampas, ha provocado la paulatina desaparición tanto del Texcoco como de los otros cuatro lagos que formaban el sistema lacustre del altiplano del Valle de México.

Por este motivo,  muchos de los edificios del centro histórico de DF están construidos sobre suelo arcilloso y se hunden a medida que se consolida el terreno. Entre ellos, destaca la Catedral Metropolitana (1), situada en el punto inicial de nuestra ruta: la Plaza de la Constitución, conocida como el Zócalo.

La Catedral Metropolitana es el templo más grande de toda Latinoamérica.  Se terminó de construir en 1813, después de casi 250 años de obras. Tanto tiempo invertido ha dado como resultado una gran variedad de estilos arquitectónicos, que van desde el Clasicismo hasta el Neoclásico, pasando por el Barroco y el Churrigueresco.

Además de su rica decoración interior, uno de los elementos que más llamará la atención del visitante es el péndulo que cuelga desde la cúpula central de la Catedral. ¿Cuál es su función? Pues no es otra que la de medir cuánto se va hundiendo e inclinando el suelo del Templo con el paso de los años, un problema que las autoridades mexicanas tratan de frenar con distintos proyectos que permitan estabilizar la estructura de la Catedral.

Saliendo de la Catedral a mano izquierda se sitúa el Sagrario Metropolitano (2), construido a mediados del siglo XVIII como iglesia parroquial aneja al Templo. Destaca sin duda su rica fachada de piedra. Por cierto que tanto la entrada a la Catedral como al Sagrario es gratuita.

 

Nuestro recorrido continúa en la pequeña plaza que se encuentra a espaldas del Sagrario (3), donde podemos ver una maqueta que reproduce la antigua ciudad de Tenochtitlán. También es interesante darse una vuelta por los numerosos puestos de ropa, pulseras y distintos souvenirs que hay instalados en la plaza, así como detenerse un rato a disfrutar de una recreación de danza azteca, acompañada del sonido de los tambores.

Si seguimos caminando llegamos hasta el Templo Mayor (4), antiguo centro de la vida religiosa de Technotitlán y corazón de la ciudad. Su construcción se realizó en siete etapas, que dieron como resultado una estructura de templos superpuestos que llegó a alcanzar los casi 60 metros de altura. La zona fue completamente destruida por los españoles tras la conquista de Technotitlán, y no fue hasta 1978 cuando, debido al hallazgo del monolito de la diosa lunar Coyolxauhqui durante unas obras, se comenzaron los trabajos para sacar a la luz los restos del antiguo Templo. En la actualidad, se puede visitar tanto el recinto arqueológico como el Museo del Templo Mayor, de martes a domingo de 9 a 17h; la entrada cuesta 51 pesos (3 euros).

El siguiente punto de visita obligada en el Zócalo es el Palacio Nacional (5), sede del poder ejecutivo y antigua residencia oficial de los presidentes de México, donde todavía hoy se celebran importantes actos protocolarios. El edificio, que se construyó sobre el antiguo palacio del emperador azteca Moctezuma, destaca especialmente por los murales que decoran la escalera principal y parte de los corredores del primer piso. Son obra del genial artista mexicano Diego Rivera quien, entre los años 1929 y 1951, plasmó en las pinturas la turbulenta historia de México.

El Palacio Nacional puede visitarse de martes a domingo de 9 a 18h. La entrada es gratuita aunque, eso sí, debido a la índole del edificio, las medidas de seguridad son extremas. Hay policías armados durante todo el recorrido y no se puede entrar con mochilas, bolsos, comida (incluyendo chicles o caramelos), bebida, cámaras de fotos e, incluso, bolígrafos (los guías te advierten de que no se pueden tomar notas). En un lateral del edificio hay un carpa donde se pueden dejar los bultos por 10 pesos (60 céntimos de euro).

Una vez visitado el Palacio Nacional, podemos cruzar y dar un paseo por la Plaza de la Constitución, conocida como el Zócalo capitalino (6).  Se trata de una de las plazas más grandes del mundo, en cuyo centro suele ondear una inmensa bandera mexicana.

En el lado del Zócalo opuesto al Palacio Nacional hay varios hoteles y restaurantes con terrazas en el último piso que permiten disfrutar de una vista espectacular de toda la plaza (7). Es muy agradable sentarse a tomar algo en una de ellas para descansar después de nuestro recorrido y ver desde otra perspectiva todo lo que hemos visitado.

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“Querétaro” es la palabra más bonita en español

Con motivo de la celebración de la tercera edición del Día del español (Día E), el Instituto Cervantes puso en marcha el pasado 18 de mayo una iniciativa para encontrar la palabra más bonita en español. Los participantes han podido decidir entre una treintena de vocablos propuestos por personalidades hispanohablantes de distintas disciplinas.

Según ha informado hoy la directora del Instituto Cervantes,  Carmen Caffarel, durante la inauguración de esta efeméride, la palabra más votada ha sido “Querétaro”, que había sido sugerida por el actor mexicano Gael García Bernal.

“Querétaro” es el nombre de uno de los estados más pequeños de México, situado en el corazón colonial del país y cuya capital, Santiago de Querétaro, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996.

Dentro de poco visitaré la ciudad; ya os contaré si es tan bonita como su nombre. Por cierto que igual me encuentro con Gael García Bernal porque, según recoge EFE México, las autoridades del Estado están preparando un evento para celebrar la designación de “Querétaro” como la palabra más hermosa en español y van a invitar al actor.

 

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