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En nuestra segunda visita al centro histórico de Ciudad de México, vamos a conocer otros lugares de gran interés, como la Casa de los Azulejos, la Torre Latinoamericana, el Palacio de Bellas Artes, la Alameda Central y el Museo Mural Diego Rivera.


Nuestra ruta comienza en el Zócalo (1), desde donde vamos a empezar a caminar por la Avenida Francisco I. Madero (2). Es una calle peatonal, muy animada y concurrida, llena de tiendas, sitios para comer y algo que me llamó mucho la atención: centros joyeros y galerías de compra-venta de oro. Los hay a montones, a ambos lados de la calle; algunos son muy grandes y en sus mostradores exponen artículos de todo tipo: cadenas, relojes, pulseras, anillos…

Siguiendo el curso de esta avenida llegaremos a los puntos más interesantes de nuestro recorrido. No tiene pérdida pero, por si queremos tomar una referencia, baste la Torre Latinoamericana, visible por su altura desde el comienzo de la calle.

Un poco antes de llegar a la Torre, en el lado derecho de la calle, encontramos la Casa de los Azulejos (3), un bello edificio de principios del siglo XVIII cuya fachada está revestida de azulejos blancos y azules, traídos desde la localidad mexicana de Puebla (famosa por esta artesanía) por encargo de la quinta condesa de Orizaba, propietaria del inmueble.

En la actualidad, este palacio del período colonial, joya del barroco mexicano, pertenece a la cadena de tiendas Sanborn. Merece la pena entrar para admirar el mural titulado “Omnisciencia”, obra del artista mexicano José Clemente Orozco, así como el hermoso patio, convertido en restaurante.

Justo enfrente de la Casa de los Azulejos se encuentra la iglesia de San Francisco, que cuenta con una preciosa fachada churrigueresca. Basta un simple vistazo para darse cuenta de que el Templo, al igual que ocurre con la Catedral Metropolitana, se hunde como consecuencia de estar construido sobre terreno arcilloso.

Si seguimos caminando por la Avenida Francisco I. Madero, llegamos a la Torre Latinoamericana (4), un rascacielos de acero y cristal que fue, durante muchos años, el edificio más alto de todo México. Inaugurado en 1956 para albergar la sede de una de las compañías de seguros más importantes de México (La Latinoamericana), es un referente de la ingeniería mexicana, ya que ha resistido terremotos tan devastadores como los de 1957 y 1985.

La Torre Latinoamericana mide 182 metros y culmina en una antena desde donde se transmiten señales de radio y de televisión. Además de albergar oficinas, cuenta con un mirador que permite disfrutar de una de las mejores vistas del DF. Está abierto de 9h a 22h y la entrada cuesta 60 pesos (3,6 euros) para los adultos y 50 (3 euros) para los niños. En apenas 30 segundos, el ascensor nos eleva hasta el piso 37, donde hay un pequeño bar y una tienda de souvenirs. Aquí tenemos que cambiar a otro ascensor que nos sube hasta el piso 42, donde empieza propiamente el mirador acristalado.

Quienes no sientan vértigo, pueden seguir ascendiendo por una escalera de caracol que conduce hasta el piso 44, el último de la torre; aquí, el mirador exterior nos ofrece una vista inigualable de los cuatro puntos cardinales de México DF. Podemos ver, por ejemplo, al norte, la Basílica de Guadalupe; al sur, el estadio azteca; al este, el Zócalo, la Catedral y el Palacio Nacional y, al oeste, parte de Reforma y el Bosque de Chapultepec (si el día está despejado).

Antes de abandonar la Torre Latinoamericana, es interesante darse una vuelta por el museo, situado en el piso 38 (la entrada está incluida en el precio que hemos pagado por subir al mirador), que nos permitirá conocer la historia de la construcción del rascacielos. También se puede acceder al piso 41, en el que hay un restaurante.

El siguiente punto de nuestra ruta es el Palacio de Bellas Artes (5), un bello edificio proyectado a principios del siglo XX como nuevo Teatro Nacional, que ya hemos podido ver desde el mirador de la Torre Latinoamericana.

El Palacio de Bellas Artes acoge espectáculos de teatro, danza y música clásica, entre otras disciplinas, así como diversas exposiciones y presentaciones. Concluido en 1934, el edificio está revestido de mármol italiano y cuenta con elementos cerámicos en las cúpulas. Destaca sin duda su fachada de estilo art nouveau, que se complementa con un bello interior art déco y varios murales de reconocidos artistas mexicanos, como Diego Rivera, Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. Las pinturas pueden admirarse de manera gratuita los domingos.

Saliendo del Palacio de Bellas Artes, a mano derecha, nos encontramos con la Alameda Central(6), uno de los parques públicos más antiguos de México, creado en el siglo XVI por el virrey Luis de Velasco. Aunque los álamos que se plantaron en un principio fueron sustituidos por árboles de un crecimiento más rápido, el parque sigue conservando el nombre de Alameda.

La Alameda Central cuenta con varias estatuas y fuentes de distintos períodos históricos. El monumento más llamativo es el Hemiciclo a Juárez, encargado por Porfirio Díaz en honor al ex presidente Benito Juárez. Construido en mármol de Carrara, se inauguró en 1910, coincidiendo con el centenario de la Independencia mexicana.

Caminando por la Alameda Central llegamos al siguiente punto de nuestra ruta, el Museo Mural Diego Rivera (7), construido expresamente para albergar una de las obras más importantes del artista mexicano: “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”. Esta enorme pintura resume la historia de México desde la conquista por los españoles hasta 1947, año en que fue terminada, a través de una gran variedad de personajes. Junto a las figuras históricas se mezclan dos autorretratos del propio Rivera, así como recuerdos y sueños del pintor, como su mujer, Frida Kahlo, o la Catrina, creada por José Guadalupe Posada, artista a quien consideraba un maestro.

El mural fue un encargo para el Hotel del Prado, pero los desperfectos que sufrió el edificio tras el terremoto de 1985 y su posterior renovación hicieron necesaria una nueva ubicación. Por eso se decidió construir este museo, que incluye además otras exposiciones de artistas mexicanos. Está abierto de martes a domingo de 10h a 18h h y la entrada cuesta 17 pesos (un euro).

Con la visita al Museo Mural Diego Rivera finalizamos nuestro segundo acercamiento al centro histórico de Ciudad de México.

 

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