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El Bule, Guaje o Tecomate  es el fruto de una enredadera llamada legenaria luncantanh cuya forma, lobular o redondeada, se asemeja bastante a la calabaza. Los distintos pueblos americanos prehispánicos ya lo utilizaban de diferentes maneras: como contenedor de agua y otros líquidos, a modo de una antigua cantimplora, o como recipiente con tapa, para almacenar grano o plantas.

Los indígenas decoraban estos objetos con lacas naturales, extrayendo aceites y pigmentos de plantas y semillas (laca y maque) o, incluso, cubriéndolos con una capa muy delgada de oro o plata.

Este procedimiento, lento y laborioso, sigue utilizándose hoy en día en el Estado de Guerrero, donde se concentra la mayor parte del trabajo artesanal en laca de México. Los bules, así como las cajitas y las charolas (bandejas), fabricadas a partir de la madera aromática del Lináloe o en madera de pino, son los objetos lacados de mayor tradición y popularidad.

Lo primero que hace el artesano es aplicar sobre la pieza, utilizando una cola de venado, varias capas de fijador, preparado a partir de aceite de chía (Salvia hispánica) o de linaza y una mezcla de diferentes tierras calcáreas (tlapezole). A continuación, sobre esta base, decora el bule, la cajita o la bandeja, tomando como fuente de inspiración la naturaleza y siguiendo una de estas dos técnicas:

–          Rayado: se aplican capas de tlapezole de dos colores diferentes y, posteriormente, se remueven con una pluma de guajolote (pavo) las partes necesarias de la capa superior para mostrar el dibujo, previamente grabado con una púa de maguey o de huisache (acacia).

–          Dorado: se pinta la pieza con un pincel finísimo de pelo de gato, aplicando la misma mezcla de aceite y tierras calcáreas. Una variante de esta técnica consiste en decorar la pieza sobre la base de una fina lámina de oro, en lugar del maque.

Una vez decoradas, las piezas se tienen que secar durante varios días antes de que se les pueda aplicar una última capa de aceite de chía, que les conferirá un perfecto acabado.

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En estos momentos difíciles, de incertidumbre económica, nace en España un nuevo proyecto empresarial: Kukulkán Artesanías, un empresa dedicada a importar las mejores piezas de la artesanía mexicana.

Todos los productos que importa Kukulkán Artesanías:

–          Están elaborados a mano por los mejores artesanos.

–          Son únicos, originales y exclusivos. Cada pieza es una obra de arte, única e irrepetible.

–          Diferencian su ambiente, aportando originalidad y un indiscutible toque de color.

–          Son perfectos para sorprender con un regalo distinto a nuestros amigos y familiares.

–          Contribuyen a fomentar un comercio justo, permitiendo a los artesanos mexicanos desarrollar su actividad recibiendo un salario digno por su trabajo.

El catálogo de Kukulkán Artesanías se compone de cuatro tipos de artesanía:

–          Alebrijes. Figuras zoomorfas inspiradas en criaturas fantásticas, talladas a mano en madera y pintadas con vivos colores, siguiendo métodos tradicionales. Armadillos, insectos, cangrejos, colibríes… se convierten en manos de los artesanos mexicanos en los más bellos alebrijes. El límite es la imaginación.

–          Artesanía en laca. Decorados a mano inspirándose en la naturaleza, las bandejas y los bules son los objetos lacados de mayor popularidad en México. Un lento y laborioso proceso manual, de tradición prehispánica, les confiere su perfecto y elegante acabado.

–          Jonote. Del árbol del mismo nombre, endémico de México, se obtienen, mediante métodos tradicionales, láminas fibrosas de colores que van del marrón oscuro al amarillo paja. Con fines puramente decorativos, el encanto de este “papel corteza” aporta un toque de originalidad y distinción a su ambiente.

–          Chaquira. Los huicholes, uno de los grupos indígenas más importantes de México, son los responsables de esta artesanía, minuciosa y muy bien trabajada, consistente en decorar con pequeñas cuentas de vivos colores figuras de madera previamente talladas a mano. Cada artesano sigue su propio diseño, creando así obras de singular belleza.

Para más información, pueden visitar la página web de la empresa: www.kukulkanartesanias.com.

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La principal tradición musical mexicana, la música mariachi, ha sido declarada por la UNESCO nuevo tesoro universal. Así lo decidió la organización durante la sexta reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial, celebrada en Bali (Indonesia) del 22 al 29 de noviembre.

Como ya ocurriera con el flamenco el año pasado, el mariachi ha entrado a formar parte de la Lista del Patrimonio Inmaterial de la UNESCO, junto a otra tradición musical, en este caso, portuguesa: el fado.

Compuesto por música de instrumentos de cuerda, canto y trompeta, el mariachi, a juicio de los especialistas de la UNESCO, condensa la identidad mexicana y, con el paso del tiempo, “se ha ido convirtiendo en algo representativo de todo México […] y en la expresión musical mexicana más difundida por el mundo”.

La designación del mariachi como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad “significa el afianzamiento de este tipo de música y la protección de sus características, que corren el peligro de transformarse demasiado, por ser una práctica tan universal y popular”, aseguran desde la UNESCO, donde también señalan que, para los mexicanos, “oír al mariachi es como escuchar el himno nacional, una cuestión de identidad”.

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Uno de los más bellos ejemplos de la artesanía mexicana son, sin duda, los alebrijes.

Se trata de figuras zoomorfas inspiradas en criaturas fantásticas, fabricadas por los artesanos mexicanos en diferentes tipos de papel o en madera y pintadas con colores llamativos.

El origen de los alebrijes se remonta al año 1936, cuando un artesano cartonero de Ciudad de México llamado Pedro Linares enfermó y quedó sumido en un estado febril que le llevó a la inconsciencia. Durante ese período de letargo, sufrió alucinaciones y soñó que paseaba por un bosque habitado por criaturas extrañas, animales fantásticos que gritaban: “¡Alebrijes!”. Cuando recuperó la consciencia, Linares modeló en papel y cartón las criaturas que había imaginado, dando vida así a los “Alebrijes”.

El trabajo de Pedro Linares llamó pronto la atención de galeristas y artistas como Frida Kalho y Diego Rivera, lo que contribuyó a que se extendiera a distintas regiones de México. Especial repercusión tuvo en el Estado de Oaxaca, donde el artesano Manuel Jiménez comenzó a adaptar los diseños de papel maché de Linares a la talla de madera, una tradición ancestral de los pueblos asentados en esta zona.

La madera que emplean los artesanos oaxaqueños para fabricar los alebrijes se extrae de las ramas del árbol conocido como copal. Se trata de una madera muy manejable y suave, que tiene que tallarse cuando todavía está húmeda (antes de que pasen ocho días de su tala), porque después se seca y endurece.

Los artesanos tallan y pulen las piezas manualmente, sin ningún procedimiento mecánico, y después las dejan secar durante un máximo de diez meses, dependiendo de su tamaño y su grosor. Una vez secas, las pintan con vivos colores (con acrílicos o con pinturas de anilina, compuestas por ingredientes naturales), creando así los más bellos alebrijes.

 

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Se trata de dos palabras muy utilizadas por los mexicanos para referirse a cuándo van a hacer lo que les has pedido. A primera vista, parece lógico pensar que “Ahorita” es más inmediato pero… ¡nada más lejos de la realidad! Si un mexicano te dice que “Ahorita”… ¡estás perdido!

Y es que son totalmente ciertos los tópicos sobre el carácter caribeño. Vamos, que la famosa frase “Me estás estresaaaando” que puso de moda un anuncio en televisión no se aleja para nada de la realidad. Por lo que respecta a los mexicanos, son muy serviciales y atentos pero, a la hora de la verdad, son también muuuuuuy dejados. Además, tienen un gran problema, y es que no saben decir que no a nada.

Así que, cuando necesitéis que un mexicano haga algo con cierta urgencia, debéis tratar de conseguir que os diga que “tantito” lo hace, porque así os aseguraréis de lo haga en ese momento. Si os responde con “ahorita”, significa que lo hará cuando pueda…

 

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Cómo se saludan en México

La gente se saluda de una manera muy particular en México. Mientras que en España nos limitamos a darnos dos besos o bien un abrazo, allí es algo más complicado.

En el caso de dos mujeres, o de un hombre y una mujer, el saludo consiste en un único beso en la mejilla. Si entre las dos personas existe un vínculo importante de amistad, entonces el saludo se complementa con un abrazo.

Si los que se saludan son dos hombres, lo harán con un apretón de manos. Si son muy amigos, al apretón de manos le seguirá un abrazo y, a continuación, otro apretón de manos.

Los mexicanos lo hacen de forma inconsciente porque es su costumbre, pero tengo que decir que a mí me llamó bastante la atención.

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Aparcar en México DF no es tarea sencilla, debido tanto a la gran cantidad de coches que circulan como a la escasez de lugares de estacionamiento. Por eso, además de los parking públicos y privados y de las zonas con parquímetros (sí, en Ciudad de México también existen los parquímetros, unos 4.000), existe el servicio conocido como “Valet parking”, que equivaldría más o menos al del aparcacoches.

La mayoría de establecimientos, ya sean tiendas, restaurantes… cuentan con varias personas que trabajan como “Valet parking”, haciéndose cargo del coche mientras su dueño hace una compra, realiza un trámite o va a comer. Y es que hasta las farmacias, los gimnasios o las clínicas cuentan con servicio de “Valet parking”.

A diferencia de los aparcacoches que nosotros conocemos, los “Valet parking” tienen una tarifa fija, que paga cada conductor. Suele estar en torno a los 20-40 pesos (de 90 céntimos de euro a 1’20 euros).

Aunque a primera vista parece una buena solución, lo cierto es que son muchas las personas reticentes a dejar su coche a un “Valet parking”. No tanto porque piensen que se van a llevar el coche, sino más bien por miedo a robos o a golpes en el vehículo. Y es que, en muchos casos, no hay sitio para aparcar todos los coches y los dejan en cualquier sitio, en doble fila o, incluso, subidos a la acera.

Además, hay muchos “Valet parking” que se creen los dueños de la calle, y no permiten estacionar a los vehículos si los conductores no les pagan. Lo que hacen, por ejemplo, es colocar garrafas de agua o algún otro objeto de gran tamaño en los sitios disponibles, para que nadie puede aparcar si no están ellos.

Otra figura similar al “Valet parking” es la conocida como “Viene viene”. La diferencia radica en que los “Viene viene” trabajan por su cuenta, es decir, que no dependen de ningún establecimiento. También suelen colocar objetos en los sitios libres, indicando a los conductores dónde pueden aparcar agitando un pañuelo o un trapo. Y, si no hay sitio, el conductor deja el coche en doble fila y los “Viene viene” los van aparcando según vayan quedando sitios libres.

En cualquier caso, la verdad es que tanto los “Valet parking” como los “Viene viene” te pueden sacar de un apuro; si tienes que realizar un trámite y vas con prisa y no encuentras sitio para aparcar, te bajas, les dejas las llaves del coche y ya está.

 

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